Con una trayectoria de más de 35 años dedicados a la misión en África, Isabel Segarra, hermana Pasionista, ha compartido su vocación, aprendizajes y visión sobre la resiliencia en una enriquecedora charla con usuarios y profesionales de la Fundación Hospitalarias Arturo Soria.
Licenciada en Psicología, Magisterio y Educación Especial, Isabel reconoce que su vocación religiosa y misionera nació de manera inesperada durante una experiencia como voluntaria en una misión de las Hermanas Pasionistas en Lumbi (Congo). “Fue en África donde decidí dedicar mi vida a Dios sirviendo a los más pobres de ese continente”, afirma.
Su formación como psicóloga y maestra le ha permitido afrontar con equilibrio y serenidad los retos de la misión, tanto en Congo como en Tanzania, países en los que ha vivido y trabajado durante más de tres décadas. “Primero me sirvió para situarme yo y después para comprender la cultura africana y poder aliviar tanto sufrimiento inocente”, explica.
Aprendizajes de vida en África
Durante estos años, Isabel destaca que África le ha enseñado a reconocer su propia fragilidad, confiar en la providencia y descubrir la fuerza de la solidaridad:
“He aprendido a tener esperanza porque nada está escrito. He aprendido la perseverancia, el no rendirse y a acoger lo que venga con serenidad. Y he descubierto una alegría interior que, aunque no está exenta de sufrimiento, es una luz que consuela y anima”.
Resiliencia aquí y allí
Isabel observa que las personas que logran salir adelante en contextos de gran dificultad comparten características comunes: realismo, metas alcanzables, esperanza, coraje y la capacidad de valorar los pequeños logros.
En nuestra vida cotidiana, señala que también podemos ser resilientes acompañando, escuchando y sosteniendo a quienes atraviesan momentos complicados, con “cariño y firmeza”.
Además, resalta la importancia de la espiritualidad, la comunidad y el propósito como factores que fortalecen los procesos de resiliencia: “Si creemos en un Dios que nos cuida y acompaña, esa creencia es positiva. Si la comunidad nos comprende y apoya, eso es sanador. Y si tenemos un propósito vital, siempre será un impulso para avanzar”.
Un mensaje de esperanza
Isabel concluye su testimonio con un mensaje que desea transmitir a todos:
- Cada persona es valiosa y única.
- Siempre es posible superar o mejorar la situación en la que vivimos.
- La esperanza abre caminos porque nada está escrito.
- Dejarnos ayudar nos fortalece.
- Somos conductores de nuestra vida.
Su historia es un recordatorio de que la misión, la fe y la resiliencia pueden transformar realidades, por duras que sean.

